TEGUCIGALPA.– La tarde de ayer 24 de diciembre marcó un punto de quiebre en el proceso electoral hondureño. Pasadas las 3:00 p. m., el Consejo Nacional Electoral (CNE) inició, vía Zoom, la lectura pública de la declaratoria presidencial, en una comparecencia encabezada por la consejera presidenta Ana Paola Hall, la consejera Cossette López y el consejero suplente Carlos Enrique Cardona, ante la ausencia del titular Marlon Ochoa.

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A las 3:13 de la tarde, Hall leyó el párrafo central del documento que acreditó oficialmente como presidente electo de Honduras a Nasry Juan Asfura Zablah para el período 2026-2030. “Nivel electivo presidencial. Primero. Por voluntad mayoritaria del pueblo hondureño expresada de forma soberana en las urnas, el pleno de consejeros del CNE declara electo como presidente constitucional de la República de Honduras por el período de cuatro años que inicia el 27 de enero del año 2026 y finaliza el 27 de enero de 2030 al ciudadano Nasry Asfura”, fueron las palabras para exponer al nuevo gobernante. Ese minuto, documentado por ICN, activó de inmediato una cadena de reacciones políticas, sociales y diplomáticas dentro y fuera del país.

La primera respuesta de alto perfil vino desde la oposición. El excandidato Salvador Nasralla rechazó la declaratoria, “No voy a tirar la toalla, voy a seguir luchando nacional e internacionalmente” y además cuestionó su legitimidad y sostuvo que el proceso no reflejaba plenamente la voluntad ciudadana, adelantando que su postura sería canalizada por las vías legales correspondientes.

Minutos después, Hall respondió desde su cuenta en X, fijando una de las frases más repetidas de la jornada: que “nadie en el CNE elige al presidente, es el pueblo quien decide”, subrayando que el órgano electoral se limita a certificar lo expresado en las urnas y defendiendo la legalidad del acto.

Con la declaratoria ya leída, Asfura publicó su primera reacción oficial, en la que reconoció el trabajo del CNE y envió un mensaje directo al país: “Honduras, ya tenemos la declaratoria oficial. Estoy preparado para gobernar. No te voy a fallar”, marcando el inicio formal de su victoria.

Reacciones inmediatas

El sector empresarial no tardó en pronunciarse. El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) reconoció la declaratoria y llamó a la unidad, la certidumbre y la estabilidad, afirmando que el país debe avanzar hacia una nueva etapa enfocada en empleo, inversión y crecimiento económico.

Desde el Congreso Nacional, la reacción fue diametralmente opuesta. Su presidente, Luis Redondo, calificó la declaratoria como un “golpe de Estado electoral” y dirigió duras críticas contra el consejero suplente Cardona, a quien señaló de avalar una resolución que, a su juicio, carecía de validez legal.

En contraste, dirigentes del Partido Nacional cerraron filas. Figuras como Tomás Zambrano y María Antonieta Mejía respaldaron públicamente la proclamación y hablaron de una transición en marcha tras semanas de incertidumbre poselectoral.

El reconocimiento internacional comenzó a llegar casi en paralelo. Ocho países de la región —Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana— emitieron un pronunciamiento conjunto felicitando a Asfura y expresando su disposición de trabajar con la próxima administración hondureña.

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Estados Unidos reaccionó primero desde Tegucigalpa. La embajada estadounidense felicitó al presidente electo y reconoció expresamente el liderazgo de Hall y López en la conducción del proceso. Horas más tarde, altos funcionarios en Washington reforzaron el mensaje, subrayando la expectativa de cooperación con el nuevo gobierno hondureño.

Ya entrada la noche, Asfura difundió su segundo mensaje, esta vez en formato de video por Nochebuena. Apeló al nacimiento de Jesús como símbolo de paz, llamó a la reconciliación nacional y reiteró su compromiso de gobernar para todos: “Les extiendo mi mano para caminar juntos como una sola familia hondureña”.

Al día siguiente, la Misión de Observación Electoral de la Organización de los Estados Americanos (OEA) validó la declaratoria del CNE, afirmando que los resultados reflejan la voluntad ciudadana y que no se identificaron elementos fraudulentos determinantes, aunque reconoció un contexto poselectoral marcado por polarización, retrasos y tensiones institucionales.

En el plano diplomático asiático, China sostuvo que la elección presidencial es un asunto interno de Honduras y expresó su disposición de trabajar con el país bajo el principio de una sola China, mientras Taiwán manifestó una postura abierta y pragmática frente al nuevo escenario político hondureño.

Así, en menos de 24 horas, Honduras pasó de la lectura formal de una declaratoria a un escenario de reacomodo político interno y reconocimiento internacional, sellando el triunfo de Nasry Asfura y dando inicio a la etapa de transición hacia un nuevo gobierno.