Los casos de cáncer de piel aumentan de forma sostenida en todo el mundo. La exposición solar intensa, el cambio climático y la falta de prevención explican gran parte del fenómeno, según alertas sanitarias internacionales.

La enfermedad ya no distingue edades. Afecta a niños, jóvenes y adultos. En este contexto, la detección temprana se vuelve esencial para evitar complicaciones graves.

Especialistas coinciden en que el autoexamen regular de la piel puede marcar la diferencia. Observar cambios pequeños y persistentes permite iniciar tratamientos en etapas iniciales, cuando son más efectivos.

Harvard Health Publishing recomienda revisar toda la superficie corporal de forma periódica. El objetivo es reconocer lesiones nuevas o cambios en marcas ya existentes.

El autoexamen debe realizarse con un espejo de cuerpo entero y uno de mano. Una buena iluminación es clave. También se puede usar una lupa para observar detalles.

Es importante revisar el rostro, el cuero cabelludo y detrás de las orejas. El cabello debe separarse con un peine o secador. No se deben olvidar el cuello, los hombros y la espalda.

Las manos, las uñas, los brazos y las axilas también requieren atención. En la parte inferior del cuerpo se deben examinar glúteos, zona genital, piernas, pies, plantas y espacios entre los dedos.

Los expertos aconsejan anotar y fotografiar cualquier hallazgo sospechoso. Esto ayuda a comparar cambios con el paso del tiempo.

Las señales de alerta incluyen lunares nuevos, heridas que no cicatrizan, manchas que sangran o crecen, lesiones duras, zonas escamosas y cambios de color. Las líneas oscuras bajo las uñas también deben evaluarse.

Si una lesión duele, sangra o no mejora en seis u ocho semanas, se debe consultar a un dermatólogo. La evaluación médica temprana es clave.

El melanoma es el tipo más agresivo de cáncer de piel. Puede aparecer en zonas expuestas o cubiertas. Un lunar que cambia suele ser la primera señal.

Para identificarlo, los especialistas recomiendan la regla ABCDE. Se observa asimetría, bordes irregulares, color desigual, diámetro mayor a seis milímetros y evolución en el tiempo.

El carcinoma de células basales es más frecuente. Suele verse como una llaga, un grano que sangra o una mancha rojiza en cara y cuello.

El carcinoma de células escamosas aparece como una placa roja, una verruga áspera o una lesión con costra. Las queratosis actínicas son ásperas y requieren control médico.

Los dermatólogos sugieren realizar el autoexamen cada seis u ocho semanas. La constancia permite detectar cambios sutiles pero relevantes.

Reconocer una señal a tiempo puede salvar vidas. La prevención, la observación y la consulta médica siguen siendo las mejores herramientas frente al cáncer de piel.